Mostrando entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de febrero de 2017

Me perdí




Luego de 3 años de maternidad, estoy buscando el camino de vuelta. Mi viaje interior. El otro viaje inverso a la maternidad. Si es que existe alguno.

Siento que hubo un momento en que me perdí. Aún no sé dónde ni cuándo. Sólo sé que la maternidad me cambió y me puso en suspensión permanente. Hasta ahora, hasta hace poco

Seguro me he perdido muchas veces en la vida, y he vuelto a la ruta. Pero nunca como hasta ahora me había resultado tan difícil.

Hubo un momento en que me perdí. Perdí lo que yo quería hacer de grande
Perdí mis horas, mis días, mis noches

Hubo un momento en que me di cuenta que estaba en algún lugar desconocido, sin saber a quién llamar o a quién pedir ayuda.


Me perdí entre el feminismo, la liberación de la mujer y la maternidad consciente
Me perdí entre horas y horas de lecturas y consejos de expertos
Me perdí en los pasillos de médicos, pediatras y ginecólogas
Me perdí entre crianza con apego, teta sí y teta basta.
Me perdí entre waldorf, montessori y la clásica.

Me perdí esperando el bus y subiendo con el bebé en brazos.
Me perdí yendo al parque, entre horas y horas de no hacer nada.
Me perdí conduciendo a cualquier sitio, a cualquier hora, para encontrar un lugar a donde ir

Me perdí entre pañales, baberos y ropas cálidas
Me perdí entre tacones, camisas bien planchadas y trabajos a deshoras
Me perdí entre miles de reuniones y proyectos en mente
Me perdí entre amigas, madres, no madres.

Me perdí buscando niñeras y jardines de infantes
Me perdí saliendo de casa sin tí, porque no sabía qué hacer ni con quién estar
Me perdí cocinando menúes sanos, sin sal, sin azúcar, sin grasa
Me perdí comiendo las sobras, inventando formas.


Hubo un momento de paz y sosiego que duró poco.
Hubo la paz, la hormona de la felicidad.
Hubo un tiempo en que creí que todo lo podía y más
Hubieron consejos, faltaron abrazos.

Hubo la caricia oportuna, hubo la sonrisita fiel
Hubieron tus manos, tus ojos de amor intenso
Hubieron tus llamadas, tus mensajes de voz
Hubo un tiempo mejor, hubieron tiempos peor

Me perdí de mis miedos, de mis lágrimas
Me perdí de mis sueños, de mis resacas

No encuentro la última copa de vino
No sé dónde dejé la libido

Entre tantas pérdidas y tantas carencias, hoy me siento diferente, extraña.
Será la fecha. Será el mes. Será el día, será el país, será la casa, será el tiempo, será el calor, será el amor. Será...

Ser mujer, ser madre, crecer, madurar, ser mujer ser madre, crecer madurar...esto no es lineal

Me perdí entre tantos proyectos, entre tantos planes..
Lugares, personas, gente que no vuelve, gente que no aporta

El mundo gira, las personas se van, los periódicos cierran, los libros no se venden y mis plantas se secan en el balcón.

Mis tetas al sol aún escandalizan. Con o sin leche.

El café se enfría.

Me pierdo todavía.

Me perdí estando contigo. Y sin tí.

Perdí mucho tiempo tratando de buscar el camino de vuelta. Y ese fue mi error.

Aquella no está más, aquella ya no soy yo. Y menos mal. Porque ahora soy mejor, o eso creo yo.

He perdido "aquella calidad de vida", para ganar "otra calidad de amor".


Contigo me he vuelto a encontrar. Contigo volveré a soñar

.
.
.

"Hablemos de nuestra maternidad"

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Los terribles 2 años? Empecemos por casa



Por cada nueva etapa de crecimiento en que va pasando mi hijo suelo buscar información en internet.

A veces esto es un error. Mi marido me lo decía el otro día. Si hay algo que me llama mucho la atención es que muchas cosas se repiten, los consejos parecen un copy/page a modo de recetas, que nada tienen que ver, en muchos casos, con la realidad.

Lo único cierto es que cada niño es un mundo. Si uno busca en internet sobre los niños de 2 años, aparecen palabras como "terrible" "rabietas" "pataletas" "caprichos" y así una serie de palabras relacionadas.

Muchos de los métodos que dicen los expertos, en realidad, son cosas que tanto yo como muchas otras madres lo hacen sin siquiera haber leído esos consejos de expertos.

Es otras palabras, la respuesta está en nosotras, las madres.  


Y si hay algo que podemos aprender (y no necesariamente de los expertos y de las expertas, sino de otras personas, de nuestro grupo, tribu y familia) son cosas tales como saber lidiar con nuestros miedos, conocer nuestras limitaciones, construir nuestra historia personal desde que fuimos niñas/os y que ahora, con la maternidad, nos ayudaría a entender esos sentimientos y emociones que se manifiestan de repente y resultan econtrados, y finalmente, luego de todo esto, aprender a perdonarnos tal y como somos.

Así que no hay nada parecido a "los terribles 2 años". Los terribles son nuestros miedos y nuestra incapacidad para reconocer nuestras debilidades, y la falta de empatía para comprender la infancia.

Esto es algo que aprendí de mi propia experiencia, con ayuda de mi tribu, mi familia, mis amigas y algunos libros de expertas oportunas. En otro post, escribiré sobre algunos de estos libros inspiradores y que te dan luz para empezar a entender el mundo (tu mundo) de la maternidad.

Mientras tanto, mira a tu hijo, respira, escucha lo que dice tu corazón, olvídate de las etiquetas y los prejuicios porque con cada edad, cada etapa, escucharás nuevas, y así un nunca acabar. Lo único seguro es tu instinto y tu corazón, seas su madre o su padre. Y si te enojas, pues te enojas. Ya pasará, nada de culpas.

Y al final, todo pasa, y ellos no se quedarán pequeños toda la vida. A disfrutar entonces esos hermosos 2 años, porque son tan divertidos!.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Una historia de cómo gestionar las pataletas en público




Se habla tanto de las pataletas y de los "terribles 2 años" que una de las cosas que más temía cuando Lorenzo cumpliera los 2 años es que, llegado el momento de las pataletas, no pudiera lidiar con ellas.

¿Qué es una pataleta y por qué se produce?

En una entrevista que le hicieron a Rosa Jové, en el portal Chile Crece Contigo, ella responde:


"A partir de los dos años, entre los dos y los cuatro años, llega un momento en que los niños empiezan su independencia.  Y esa independencia y ese razonamiento, la única manera que tiene el niño de probarlo es oponiéndose a lo que le dicen los padres.  Es la manera que tiene de fraguar esa independencia.  Entonces las pataletas son buenas, en este sentido, porque nos indican que nuestro hijo está empezando esa independencia" 


Sin embargo, hoy me sucedió algo maravilloso a pesar de que hoy Lorenzo hizo una de sus primeras pataletas en el espacio público.

Estaba cansado y tenía hambre. Habíamos ido al museo, luego al parque y finalmente pasamos por el supermercado a hacer algunas compras. A la salida, nos sentamos en un banco frente a la plaza para que pudiera tomar un yogur que él se había elegido de la góndola.

Después de terminar su yogur, me pidió ir a otro lado y le dije que no, que ya era hora de regresar a casa y preparar la comida. Me dijo: "nos quedaremos sentados un ratito acá a descansar". Asentí, y luego de un rato me levanté y le dije nos vamos Lorenzo.

Él se levantó sin ganas pero obedeció y luego en cuanto dimos 2 pasos, se quitó la gorra y la lanzó con rabia.

Le pedí de buenas maneras que la levantara. Él quería que yo lo hiciera. Le dije que que no podía hacerlo, que viera cómo tenía mis manos cargadas de bolsas de supermercado. (y por otro lado, no quería ceder tan rápido a sus berrinches)

Ahí escaló. Y se quedó firme en el lugar, gruñendo, no gritando, pero empacado y no quería avanzar.

Como lo de "tener las manos ocupadas" no funcionó, enseguida opté por darme la vuelta y decirle que como yo no la había tirado y no era mi gorra, no me importaba y me marcharía con o sin la gorra.

Él dudó. Lo que hizo a continuación fue patearla, como quien se quiere venir conmigo pateando al lado una pelota. Le dije que no podíamos continuar de ese modo. Pero en ese mismo instante, observé que Lorenzo miraba hacia la derecha, y encuentro a un señor mayor, un abuelito, que lo miraba y le sonreía con ternura, al tiempo que le hacía gestos de alguien que recorre algo. Sí, el señor que lo miraba, hacía el ademán de agacharse para mostrarle a Lorenzo, lo que tenía que hacer.

Y Lorenzo, que tiene una atracción especial por las personas de la tercera edad, enseguida imitó al abuelito y recogió su gorra ¡¡y se la puso!! Y se vino conmigo tan contento y calmado. El señor lo celebraba con una amplia sonrisa y a mí no me salían las caras para agradecerle.

Todo es más fácil con ayuda

A esto es lo que llamo yo criar en tribu, la sociedad toda tiene que empatizar más con los niños y sus padres. Cuando yo era más joven, si veía a un niño patalear en un bar o en una tienda, enseguida miraba a sus padres y creo haber pensado "qué niño malcriado", o "qué padres más pasotas". Y eso que nunca me consideré una persona insensible o poco culta.

Sin embargo, hasta que crecí y maduré, nunca se me hubiera ocurrido intervenir para ayudar a una madre con su hijo de ese modo. Y es porque hemos olvidado nuestros instintos de tribu. Y porque sabemos tan poco de los niños y de sus necesidades, como de la maternidad, la que consideramos un ámbito exclusivamente privado, y no es así.

De camino a casa, me puse a pensar en esta anécdota que me conmovió el corazón. ¿Cómo una persona desconocida puede tener tanta empatía por un niño pequeño y ocurrírsele hacer lo que hizo?. Sin duda el mundo de los niños (y de los adultos), sería un mundo mucho más sencillo, feliz y lleno de amor, con pequeños gestos como estos.


sábado, 19 de diciembre de 2015

Cómo inculcar la educación musical en nuestros hijos





La infancia es el periodo de desarrollo de las aptitudes musicales. Es en este período en que los niños se encuentran vulnerables a las influencias positivas o negativas a través de la educación y el ambiente.

Aunque existen varios estudios que indican una relación de causalidad entre la formación musical y la capacidad de razonamiento en los niños pequeños, ésta aún no está incluida en todo su potencial en los currículum escolares de la primera infancia, y tampoco es una práctica que suelen hacer muchos padres de manera regular y constante.

Los años desde el nacimiento hasta los seis años son fundamentales para aprender a descifrar las imágenes sonoras de la música y el desarrollo de las representaciones mentales que ésta provee.

Tocar un instrumento ayuda a adquirir habilidades como el discernimiento de emociones a partir de la voz y la capacidad de combinar múltiples tareas. 

Pero ¿cómo empezar a inculcar en nuestros hijos el gusto por la música y la curiosidad por tocar un instrumento?


Una estimulación positiva es, por ejemplo, la experimentación y el aprendizaje artístico musical a través del juego.

  • Una idea que aprendí de la enseñanza Waldorf es cómo utilizan la música para la actividades cotidianas, y que he aplicado en el día a día con Lorenzo. Consiste en hacer las actividades rutinarias, como preparar la cena, bañarse o cambiarse, al ritmo de una canción, puede ser alusiva o inventada. De esa manera, ellos pueden fijar a través de las imágenes y la música los hábitos, las habilidades y las experiencias de una manera positiva y entretenida.

  • Otra idea maravillosa la extraje del libro de Julia Cameron, "El camino del Artista para Padres", que me regaló mi madre hace poco y que iré compartiendo poco a poco sus enseñanzas por este blog. En realidad es una adaptación mía entre el libro y la metodología Waldorf. Consiste en aplicar unos de las 3 herramientas creativas básicas que propone el libro, los momentos culminantes del día, cantando. Qué es esto? En otro post, hablaré más detalladamente de esta herramienta, por ahora, la sugerencia es recordar los momentos culminantes del día, cantando, musicalizando el relato, justo antes de dormir.
 
  • Para cada momento, es ideal que ellos tengan a disposición distintas elementos y materiales sonoros, como maderas, plásticos y metales no pesados que les permitan seguir el ritmo, como maracas, tambores, vasos, recipientes con arena o frijoles, etc.

  •  Finalmente, buscar cualquier oportunidad donde ellos puedan hacer, apreciar o compartir música. A mí me gusta llevarlo de paseo por la ciudad, y que observe a los músicos callejeros que suelen estar en la boca del metro, o a intervenciones artísticas-sonoras que suelen estar en mini-espectáculos, teatros o museos

Estas son algunas ideas que me han resultado estupendamente, y quería compartirlo aquí, un poco para recordar y sistematizar mis propias herramientas y otro poco para saber cómo les resulta al resto.

 

Cuénten por aquí cómo les va, y si quieres saber más sobre El camino del Artista para Padres, lo pueden comprar aquí, en formato ebook, y/o seguir semanalmente mis experimentos con el libro que compartiré en este blog.

¡Que tengan un fin de semana muy creativo!

viernes, 18 de septiembre de 2015

Que me devuelvan mi vida anterior!






Hoy me levanté sin ganas de ser mamá, con ganas de ser la de antes, que disponía de su tiempo para administrarlo como mejor le parecía; la que comía si quería o dormía hasta cualquier hora, o mejor aún, dormía toda la noche del tirón.


Hoy me levanté sin ganas de ir al parque, sin ganas de recoger juguetes todo el día, sin ganas de estar a sus órdenes, (porque así me siento, como una esclava moderna ja!), porque todo lo que hago durante el día es por y para ella, mi vida quedo relegada al 2º, 3º, o 4º plano.



Hoy me levanté sin ganas de evitar rabietas, ni distraerla para que se deje lavar el pelo o darle mil explicaciones porque se levantó de la siesta y su papi no estaba en casa y ella no paraba de llamarle a grito pelado.

Me gustaría que las cosas sean más fáciles, pero sé que es una edad complicada, en la cual está afianzando su carácter y que todo pasará. Sé que estos años son pocos comparados con lo que le falta por vivir y se pasan rápido, por lo que debo disfrutar hasta el último minuto de estos sus primeros años de vida.

Lo sé, cuando pienso fríamente lo sé, pero..

*Resulta que no somos seres racionales las 24 horas del día, 
*Resulta que soy una persona como cualquier otra, que siente, y que a veces tiene ganas de desaparecer, de irse o de volver a su vida anterior en este caso. 

*Y estoy absolutamente convencida que muchas sentirán esto pero pocas lo dirán, porque “queda mal”.

Sé que muchas dirán la típica frase “pero se compensa con todo lo que nos dan”. Ý, acaso eso te hace sentir menos cansada .. NO, en mi caso no. 
Debemos ser capaces de hablar con los demás de lo que sentimos, especialmente con nuestros/as hijos/as. 
No somos perfectas, ser madres no nos convierte en súper héroes que podemos con todo, siempre con una sonrisa en la boca y la casa ordenada.  
Para mí eso es mentira, una gran mentira. Yo no puedo con todo, ni quiero, necesito de mi gente para poder avanzar, para criar a Oli como deseamos. 




Así que amigas y amigos les invito a que salga por esa boquita lo que sienten, que puedan ser capaces de hablar abiertamente de sus emociones con sus hijos/hijas y con su compañero/ra por supuesto. 
No vamos a ser ni mejores ni peores madres, pero sí más humanas. Y además estaremos enseñando a nuestros peques que en casa hay libertad para expresar lo que sentimos.

Y por último, no hagan caso a todas esas frases hechas, esos “memes” que se publican en las redes sociales porque generalmente no responden a la realidad y seguramente están escritos por personas que no son madres y sólo quieren ganar me gustas en shares en facebook ;). 

Lo único que hacen es fomentar ese papel de “super mama” y dejar al papá como un mero espectador. 

Sí, hoy me levanté con ganas de no ser mamá, pero todos los días, a cada minuto, sigo teniendo ganas de ser la mamá de ella.



by Maitena



Fuente y más fotos aquí

 

sábado, 13 de junio de 2015

La inspiración de una madre


 Mientras aseaba a Lorenzo en el lavabo, mi mente se puso a divagar acerca de los reencuentros y de aquellas personas que nunca más volverán.

Y se me había ocurrido una bonita historia, bien contada en mi imaginación, de esos momentos de inspiración que si pudieras saldrías disparada hacia tu cuaderno de anotaciones a escribir, qué digo, a escupir las ideas que se te vienen a tu cabeza, como si de pronto se te encendiera una pantalla de cine en tu mente y ves pasar imágenes y más imágenes de una película que nunca vas a hacer, pero que por gracia de tu talento, puedes contar. 

Y sin embargo, ahí te quedas, con la mano embadurnada de jabón y espuma, lavando y lavando la delicada piel de un santo bebé que no tiene la culpa de tener una madre que mientras físicamente ella está ahí para él, su mente ha sido robada una vez más por lo duendes...

Y la historia? Ah, sí, la historia es esta..porque la otra, la verdadera, se ha ido con los duendes, mientras mis manos escribidoras se dejaban estar entre las pompas de jabón, resignando con mucho amor y cariño por el santo niño, un nuevo capítulo del libro que quizá nunca más escribas, por ahora.

martes, 24 de marzo de 2015

Y entonces encontré a mi tribu

by Nati

“Para educar a un niño hace falta toda una tribu” , proverbio africano





Cuando Cintia me hizo la gran pregunta: -“Bueno, ¿y sobre qué quieres escribir?”-, la cabeza se me lleno de palabras, palabras que habían surgido de conversaciones con otras mujeres, con otras mamás. 

Y entonces supe cuál era el tema sobre el que quería escribir: la tribu, mi tribu. Porque en esas conversaciones aprendí mucho lo que conozco hasta el momento sobre la maternidad y hoy son mi fuente de inspiración, Y porque esas mujeres fueron mis fieles compañeras durante todo este tiempo

La maternidad es un antes y un después en nuestras vidas. Lo sabíamos, lo habíamos escuchado muchas veces y hasta vivido de cerca; pero no es lo mismo saberlo que sentirlo. Y digo un antes y un después porque todo lo conocido hasta el momento cambia, nuestra zona de confort de repente desaparece, y surgen un montón de preguntas y decisiones que tomar todo el tiempo, a toda hora.

Hay que reorganizase, es como regresar al punto inicial para, desde ahí, volver a arrancar; y finalmente reencontrarnos, con nosotras mismas en nuestro nuevo papel, con nuestra pareja (que a veces no sabe muy bien qué hacer porque queremos tenerlo todo controlado) y por último con nuestro entorno, que no siempre es todo lo amigable que deseamos o mejor dicho que necesitamos.

Existen muchos prejuicios en torno a la maternidad, estereotipos, modelos prediseñados a los que responder, frases hechas que escuchar (una y otra vez), madres, suegras y demás parientes que saben mejor que tú lo que debes hacer … Por lo que muchas veces el camino se hace cuesta arriba, no te sientes acompañada y mucho menos comprendida.

¿Y cómo hice para encontrar a mi tribu?

Es entonces, en esta búsqueda de respuestas, cuando surge la necesidad de compartir esta nueva realidad, la de ser padres, con personas que te escuchen sin juzgarte, sin señalarte, de igual a igual.

Un lugar donde refugiarte, donde poder ser tú misma, con tus miserias, tus miedos, alegrías o pezones agrietados, un lugar donde sentirte cómoda para hablar de lo que quieras, para preguntar lo que sea aunque pienses que es una estupidez o lo hayas preguntado ya mil veces.

El primer sitio donde me encontré con otras mujeres embarazadas, fue en yoga, ahí comenzó la historia. Empecé a entender por qué era importante estar en contacto con otras mujeres embarazadas.

Antes de empezar la clase teníamos un momento para hablar entre nosotras. Era un punto de encuentro donde compartíamos experiencias, miedos, molestias...

Luego con una amiga, empezamos a asistir a un taller de lactancia, primero embarazadas y luego con las peques hasta casi el año. Cada una podía hablar libremente de lo que le había pasado durante la semana. A veces no había consultas sobre lactancia, sólo ganas de desahogarse. Todas éramos escuchadas.

Sin duda una experiencia maravillosa, porque aprendes de otras madres, y eso es muy enriquecedor. Un lugar al que hay que asistir casi de manera obligatoria diría yo.

Por eso digo, y lo digo bien alto, es absolutamente importante que tengamos a una persona o varias , (no importa el número, pero si la calidad), a la que podamos decir ¡socorro!. Saber que no estamos solas nos hace sentir más seguras y por supuesto acompañadas. A veces el solo hecho de comprobar que no eres la única que se pasa el día en el sofá, viendo pasar las horas sin hacer otra cosa más que dar la teta, consuela.

Mi tribu, son esas mujeres, (y hombres también, porque no nos olvidemos de los papás), que estuvieron a mi lado desde el momento cero, otras mamas en igualdad de condiciones que yo. Fue fundamental para mí tenerlas, bueno creo que para todas fue muy importante tenernos, porque crecimos –y crecemos- a la par, porque las dudas de una eran las repuestas de otra,  porque las papillas que hacía una las compartía con la otra, porque nuestros hijos e hijas comparten muchos más que juego, comparten comida, lagrimas, mocos, cucharas ja!! Lo comparten todo, no tenemos ningún prejuicio sobre eso.

Y a mi tribu, le digo GRACIAS, sí con mayúsculas, porque ellas y ellos fueron determinantes en este nuevo papel de madres y padres, somos muy afortunados por haberlos encontrado, por haber formado esta pequeña gran familia, para nosotros la familia que elegimos, para Olivia representan los tíos y primos que tiene a tantos kilómetros de distancia.