domingo, 11 de agosto de 2013

Ni rosas, ni celestes, ni barbies ni dragon ball zetas, Lorenzo a secas.


Primera carta escrita al pequeño saltamontes.



He decidido escribirte esta carta para conectar contigo por el medio que mejor me sale, la escritura, mi idioma natural.


Dicen los que saben que pronto yo seré tu mamá. Y que tú pronto serás varón.
Nunca te llamé el bebé, siempre fuiste “el asunto, chunchita, chunchito, whynot”, pero nunca te llamamos bebé. Desde que sabemos hace poco que serás niño, y de que ya tienes forma de bebé, con tu padre hemos decidido llamarte Lorenzo.

Debo confesarte que desde que supe que podrías quedarte conmigo, me han pasado muchas cosas por la cabeza. Me preocupa saber qué clase de persona soy yo para poder estar contigo, y que tú puedas crecer libre, sano y sin culpas.

Al principio pensé que eras niña, no porque te prefiera niña, Lorenzo, sino porque para una mujer como yo, con mis valores y mis ideologías, me era más fácil pensar en una reproducción de mí misma, alguien con quien pudiera identificarme, que me resulte familiar por ser de mi mismo género y de mi mismo aspecto. 


Pero cuando fui a aquella ecografía, y te vi en la pantalla con tus piernas todas abiertas, sin pudor, sin vergüenzas como te imaginé, me llené de orgullo, y supe que eras más mío que mi propio cuerpo. No digo que eres mío como de mi propiedad. Quiero que sepas que nunca, jamás, tendré ese sentimiento contigo, ni quiero que sientas que lo tienes conmigo. Sólo quiero hacerte saber que si lo que quieres es una familia, aquí te estamos esperando. Y tienes una familia inmensa, repartida por el mundo, en muchos países. Hace tiempo que te esperábamos, pero no cuando tú quisieras, sino cuando nosotros estuviésemos preparados. Y ahora lo estamos.

Eres libre, Lorenzo.

Ahora que sé que eres un niño, el desafío es mayor.  Mira, cuando aún no sabíamos si eras chico o chica, la gente me preguntaba por ello, porque quería saber si compraba rosa o celeste para regalarte. Y la verdad Lorenzo, yo no quiero que tú crezcas con esas distinciones de género.  Yo no quiero que tu habitación sea de un celeste aburrido y que te parezcas a un pitufo. No quiero que tus juguetes sólo coincidan en autitos, camiones y superhéroes.  ¿Y si te gusta jugar a cocinar, como también lo hace tu papá o tu mamá?. ¿Qué hay de malo si te gusta peinar o maquillar, o coleccionar ositos panda?.

Tal vez dentro de ti hay un gran veterinario, un estilista, o un artista. Quizás un agricultor, un decorador de interiores, un músico o un poeta, o tal vez simplemente un hombre que le gusta y le divierte experimentar la vida, sin prejuicios, sin roles sociales impuestos, y sin condiciones extrañas.


Eres libre, Lorenzo.

No lo tomes a mal si no me muestro como una mamá tradicional, de esas que se ven en las publicidades, o en los libros de cuentos que por casualidad leas. Yo sigo siendo una chica normal, que tiene sus miedos, pero que es valiente y los enfrenta, que viaja por el mundo conociendo culturas diversas, y quiere seguir haciéndolo, que tiene sueños y proyectos que cumplir,  y los está cumpliendo, sólo tengo una vida antes de ti y la seguiré teniendo contigo.

El otro día, estaba leyendo un artículo en Internet y de pronto me doy con la siguiente frase: “Ser madre no es lo mismo que ser mujer”.  Y a continuación una serie de comentarios de hombres y mujeres, acerca de ello. Lo que me llama la atención, Lorenzo, es que aún haya personas que piensen o que dictaminen, que la mejor realización de TODA mujer es ser madre.

He llegado a este punto de mi vida en el que he decidido traerte al mundo, sabiendo que primero soy mujer (y lo seguiré siendo) y luego seré madre, por decisión propia. Yo ya me siento realizada como persona y como mujer,  yo ya soy feliz antes de ti, soy una chica muy alegre, con muchas ideas y mucha energía para compartir que me hacen feliz, no tengo la necesidad de traerte al mundo para que tú me hagas sentir realizada. Sentirme feliz, realizada y plena es mi propia responsabilidad, no debes cargar tú con la tarea de hacerme feliz, aunque seguramente tú seas uno de los tantos motivos y de los más importantes de mi felicidad.

Por eso, quiero que seas libre Lorenzo, este es el mejor consejo que puedo darte.


Hace tiempo decía que el papel de una madre está sobrevalorado. Y ahora lo sigo pensando. Yo no valgo más que tu padre, por quien me quito el sombrero y hago reverencia en señal de admiración, ni valgo más que otras mujeres que no son madres, yo no tengo una aureola en mi cabeza como me ven algunos por la calle, sólo por tener una barriga gigante; no he dado todo por ti como rezan algunas frases, y no me debes nada. Salvo excepciones, reproducirse puede hacerlo cualquiera, ya sabes que hasta los animales lo hacen.

No me debes nada, ni siquiera la vida. No he dejado todo por ti, no he renunciado a un cuerpo de ensueño, (eso he leído en esas frases que leo en internet, qué gracioso,  como si eso fuera una gran renuncia) ni puedo decir que te amo desde que dio positivo la prueba de embarazo. No te sientas menos querido por eso, cariño. La realidad es que he aprendido a amarte de a poco, ahora mismo estoy aprendiendo, a conectar contigo, a sentirte; porque es un proceso que se vive naturalmente y lleva su tiempo, pero que no hay que novelar. Y no voy a mentirte, también tengo dudas y momentos de pánico. Pero para mí eso tiene más valor, porque con todo el miedo y las culpas, aún te elijo. Te elijo y te protejo, protegiéndome a mí misma: me alimento bien, voy al gym, vivo siempre positivamente y planeo nuevos emprendimientos; todo lo que hago lo hago por mí, no esperes que diga que lo hago por tí.  Pero sí creo Lorenzo, que una mamá feliz y auténtica, que se respeta, se ama y se cuida a sí misma, es el mejor gesto que puedo darte.

Por eso, no me debes nada, Lorenzo. Te libero de que vivas con la culpa del hijo que le debe todo lo que es y tiene a su madre. Y te aliento a que seas responsable de tu propio ser. No esperes a que sean justos contigo, empieza tú a ser justos con los demás. Siempre sabrás que puedes contar conmigo cuando quieras y como sea, de manera incondicional. Con eso, basta.


Veo a tu padre ocupándose de todo, y me llena de orgullo saber que tú te parecerás probablemente a él: apoyando la libertad de las mujeres, no teniendo prejuicios de género, ni culturales, ni sociales, siendo tan libre, justo y sensato como lo es él.saltamontese tomas de mí sin peruedo darte.
y ligeros como el viento

Ya me habrás escuchado renegar cuando alguien me dice que tengo que comer esto o hacer aquello “por el bien del bebé”. Y la cara que pusieron varios cuando les dije que era vegetariana y que hacía bici. Por suerte hemos encontrado una médica tan respetuosa y de mente abierta, que me cuida mucho. Me ha tranquilizado cuando me ha dicho que tú estás perfecto allí en tu baticueva y que te las apañas bien tú solito, que tomas de mí sin pedir permiso todo lo que necesites, y que por eso, debo cuidar de mí antes que nadie. Te imagino que desde dentro te ríes con las locuras y las “insolencias” de tu futura madre. No quiero que tengas una madre sumisa, inmadura y triste.  Quiero que me sientas vibrar,  que sientas mi coraje, y que me veas como una mujer que simplemente se quiere a sí misma. Porque yo quiero que tú también aprendas a quererte a ti mismo.

Eres libre de morder la vida, saborearla, disfrutarla, irte por el mundo en busca de tu destino, tu esperanza.

No me debes nada, Lorenzo. Estamos a mano. En todo caso, si quedamos en deuda, seré yo quien te deba a ti, mi pequeño saltamontes, esta enseñanza.

Gracias por venir.